Mi nombre es Isabella* tengo 22 años y soy sobreviviente de bullying. Estudiè desde primaria en un colegio con buen un nivel académico y aparentemente, enseñanza en valores que era algo que a mis papàs les importaba mucho. Yo era una niña feliz, vivía con mi mamà, mi papà y mi hermano menor. Tenìa una característica física que, aunque para muchos es una ventaja para mi resultò ser todo lo contrario. Era considerada muy bonita, alta, rubia y sobresalía del promedio de mis compañeras. Mis padres han sido muy estudiosos, asì que mi hermano y yo desde pequeños leìamos mucho y eso nos facilitaba ser buenos estudiantes.
Habìa unas niñas que en quinto de primaria empezaron a hacerme bullying, me ponían apodos, inventaban mentiras para indisponerme con otros compañeros o buscaban alguna forma de molestarme. Yo les contè a mis padres y ellos fueron en varias ocasiones al colegio a hablar para denunciar el hecho, pero nunca tomaron acciones contundentes para parar las agresiones. Ellas dejaban de molestarme por temporadas, pero siempre pasaba algo que hacìa que volvieran a hacerlo.
Finalizando noveno grado me dieron el papel protagónico en una obra de teatro de fin de año. Para mi mala suerte la líder del grupo también lo querìa y se intensificò el bullying. Ya pasò al nivel físico, derramaban “accidentalmente” comida o bebidas sobre mi uniforme, me hacían tropezar y un dìa se me cayò mi inhalador al piso, lo recogieron y lo lanzaron por una ventana. Como sufro de asma alérgica, mi mamà, que es enfermera fue a hablar con la rectora y le dijo que si ellos no tomaban una acción correctiva pondrían la queja a la secretaria de educaciòn, porque estaban poniendo en riesgo mi salud. Llamaron a los padres de la niña que había lanzado el inhalador, pero ellos la defendieron y dijeron que eso era cosa de niñas y que no los hicieran perder el tiempo.
Ante eso mis padres decidieron que nos cambiarìan de colegio el siguiente año y empezaron a buscar cupo en otro, pero en Colombia con la competencia entre colegios por los ranking en las pruebas saber era demasiado difícil que me aceptaran en ese grado.
Pidieron nuevamente reunión con la rectora y le dijeron que como no consiguieron cupo en otro colegio yo iba a seguir ahì, pero que ante la menor agresión recurrirían a acciones legales.
Entramos a clases en dècimo grado y estas niñas no volvieron a agredirme, pero pasaron 2 hechos que les despertaron los celos y la envidia. A mì me ofrecieron que hiciera una publicidad como modelo y que participara en un reinado juvenil y ellas se enteraron. De todas formas, mi papàs no me dieron permiso para participar. Ellos no estaban de acuerdo ni con modelaje ni con reinados de belleza. Lo otro fuè que un compañero de otro curso me mandò una nota diciéndome que yo le gustaba y resultò que también le gustaba a una de ellas y eso si fue grave. No sè como se filtrò esa información porque yo no le contè a nadie.
Yo iba a cumplir mis quince años y me iban a hacer una fiesta. Solo invitè a mis 2 mejores amigos de la clase. Estaba muy entusiasmada por que vendría toda mi familia que vivía fuera de la ciudad y del país. Fuì la primera nieta y sobrina en ambas familias, asì que me querían mucho.
Un dìa a la salida del colegio mientras esperaba que mi mamà me rocogiera me tomaron por sorpresa y me atacaron entre las 4 niñas, me echaron en la cabeza una pintura verde, de aceite y mezclada con un pegante y nunca supimos que era. No pude defenderme, afortunadamente pude protegerme los ojos, aunque alcanzaron a echarme un poco en una ceja.
Unas personas que pasaron por ahì me ayudaron y mi mamà llegó y como siempre tenía medicamentos en el carro por si yo tenía alguna crisis me atendió y me llevò a un servicio de urgencia que estaba cerca, por que hice una crisis respiratoria y alérgica muy fuerte y al final me tuvieron que rapar la cabeza. Ellas querìan dañarme el quinceañero y el reinado, porque no sabían que no me habían dado permiso para participar. Ademàs querìan que ningún niño se fijara en mì.
Mis papàs fueron al colegio a hablar con la rectora, pero ella decía que como había sido fuera de las instalaciones no podían hacer nada y que tenían que hacer el reclamo directamente a los padres de las niñas. Mis papàs consiguieron un abogado y al final terminaron con una conciliación económica con ellos porque yo no volvì al colegio y por tanto perdí ese año y además tenían que conseguir cupo en otro colegio y eso no era nada fácil. Tambièn decidieron sacar a mi hermano porque ese no era un lugar seguro para nosotros. El abogado logró que la rectora se comprometiera personalmente a conseguirme un buen colegio donde estudiar el siguiente año. A mi hermano si lo ubicaron ese mismo año.
Fuera del costo económico para los padres, realmente ellas no tuvieron un castigo acorde con el daño que me causaron. Mi papà no querìa el arreglo económico, pero el abogado lo convenciò que era mejor conciliar por nuestra propia seguridad y porque además de perder el año perderían el dinero de matrìculas, pensiones, uniformes, etc.
Yo estaba en estado de shock, no paraba de llorar y le dije a mi mamà que cancelara la fiesta. Me encerrè y no querìa salir de mi cuarto.
Tengo una tìa que es muy alegre, positiva y creativa que vivía en el mismo edificio y me querìa como si fuera su hija. Llegó a la casa un dìa con una peluquera y me dijo me voy a rapar para que quedemos iguales y acompañarte hasta que nos salga cabellera. Le dije que no hiciera eso y me respondiò, tranquila mijita que el pelo crece. Para la fiesta consiguió una estilista y probamos varias pelucas e hizo varias pruebas con maquillaje hipoalergènico para completar la media ceja que me raparon. Por mi familia que había hecho el esfuerzo de viajar a acompañarme asistì a la recepción y tratè de disimular mi tristeza.
Despuès de eso no volvì a salir hasta que me salìo cabello, pero empecé a comer compulsivamente y me engordè mucho, caminaba encorvada y querìa ser invisible. Caì en una depresión y no quierìa volver a ningún colegio. Mi mamà estaba muy preocupada y me insistìa que fuera a una psicóloga, pero yo no querìa ver a nadie. Por fìn aceptè por que mi tìa me convenciò y después de unos meses de terapia entrè al nuevo colegio.
Fuè muy difícil para mì adaptarme, me volvì callada, miedosa, no participaba en nada; parecìa antipática. En el colegio hicieron una convivencia de un dìa completo en un sitio campestre y en una de las actividades debíamos contar la mejor experiencia de nuestras vidas y la peor. Me tocò hablar de primera y contè la experiencia del bullying y entendieron porque tenía el cabello tan corto y además entendieron mi comportamiento. Hubo 2 compañeros que contaron experiencias muy duras. Entre ellas una niña que había sufrido mucho por hechos trágicos en su familia y había superado un cáncer y el bullying a consecuencia de la calvicie por las quimios. El otro niño también sufrió mucho por un accidente en el que ademàs murió su papà. Cuando regresò a clases fuè vìctima de bullying. Por eso ambos se pasaron a este colegio.
Ellos fueron un ejemplo para mì, de que se puede salir adelante a pesar de los momentos traumáticos. A partir de ahì, me tomè màs en serio mi terapia y ese grupo de compañeros se volvieron verdaderos amigos.
Me graduè del bachillerato y todavía no he terminado la universidad porque durante la pandemia solo hice cursos virtuales por ser una persona de riesgo por mis problemas respiratorios.
Si tuviera que decir algo sobre mi experiencia le diría a los padres que deben enseñar a sus hijos respeto por las demás personas y explicar el daño que pueden hacerle a otros niños. A los profesores y directivas de los colegios que protejan a los niños porque esa es su responsabilidad y a los niños y adolescentes que son matoneados, que hablen con sus padres, con los profesores o con quien sea necesario, pero que busquen ayuda. A los que miran sin hacer nada, que si no actúan, eso los hace còmplices. Los matoneadores necesitan quien los aplauda o les tenga miedo, sin eso no tienen poder.
*los nombres de las personas han sido cambiados para proteger la privacidad de quienes escriben su historia.

