Mi nombre es Carlos*, tengo 45 años y soy sobreviviente de bullying. Mi calvario comenzó en tercero de primaria cuando entraron al colegio los primos Mejìa*, 2 niños grandes, agresivos y malos estudiantes. Yo era el màs pequeño del curso, en edad y estatura y me había acostumbrado a que me llamaran pitufIn , enanin o cuatro ojos por que usaba lentes , no me agradaba, pero era tolerable.
En ese momento, para mi mala fortuna también era el alumno con las mejores notas y estos 2 niños se ensañaron conmigo de una forma despiadada. Empezaron poniéndome apodos, me obligaban a que les hiciera las tareas de matemáticas amenazándome con hacerme cosas horribles, me quitaban la merienda y en una ocasión que los amenacè con acusarlos con la rectora me rompieron mis lentes y me dijeron que la próxima me lanzaban del segundo piso.
Me sentía completamente desamparado porque un dìa desesperado me atrevì a decirle a una coordinadora lo que me estaba pasando y no le diò importancia y me dijo que aprendiera a defenderme solo, que no fuera debilucho. Hoy cuando recuerdo esa respuesta siento escalofríos de pensar cuantas personas seguirán dándole ese tipo de respuestas a niños o adolescentes vìctimas de acoso escolar.
En mi casa no me iba mejor, en una ocasión lleguè con un brazo hinchado porque me habían empujado y cuando le contè a mi papà lo que había pasado me dijo “la próxima vez que te dejes joder te jodo yo a ti” y lo màs grave fuè que mi mamà lo apoyò, me encerrè en mi cuarto a llorar. No querìa volver al colegio, empecé a tener problemas de salud por que somatizaba todo mi sufrimiento y en quinto grado bajè mucho mi rendimiento académico premeditadamente esperando que asì dejaran de molestarme.
En sexto grado me dieron la mejor noticia de mi vida, los Mejìa* no volvían al colegio por que habían tantas quejas de ellos de los padres de familia que no los recibieron el siguiente año. Regresè a mi casa feliz, confiado en que mi pesadilla había terminado.
Pero empezó otro capìtulo de dolor en mi vida, el negocio de mis papàs quebrò y entramos en una crisis económica muy difícil y mi vida cambìò dramáticamente. Tenìa algunas compañeras nuevas que venían de otro grupo y entonces supe lo que era el acoso psicológico y la exclusión social. Ahora el matoneo era por pobre. El sentimiento de impotencia era terrible, la crueldad de un grupo de niñas era algo pavoroso, las humillaciones y las burlas por lo que ya no tenía y en general por que no estaba a su mismo nivel económico. Se habían enterado de que me habían dado media beca para que no me fuera del colegio y eso era motivo de burlas. Me sentía muy solo y un dia en séptimo grado una profesora muy querida se diò cuenta de que yo estaba mal y me envió donde la psicóloga del colegio y me fuè peor . La psicóloga me preguntò si yo había analizado que hacìa para que me matonearan y me dejó de tarea hacerme esa pregunta para poder cambiar mi situación. Vaya estupidez, salì de ahì convencido de que todo lo que pasaba era mi culpa.
Fueron casi 5 años de humillaciónes, de todo tipo de acoso psicológico y de exclusión social. Sufrìa mucho en el colegio, la situación en mi casa era de tensión, de distanciamiento entre mis padres y yo no podía contar lo que me pasaba. Nos habíamos ido a vivir donde mi abuela y era la que sostenía la casa y me consentía mucho, pero no sabìa lo que me pasaba, aunque lo sospechaba. No le contaba nada porque me daba miedo que le dijera a mi papà.
Como no encontraba salida a mis problemas un dìa me dije lo mejor es morirme, el suicidio es mi solución y me puse a investigar como podía hacerlo. La estocada final para mi vino con la fiesta de 15 años de una de mis compañeras, que venìa conmigo desde primaria y con quien tenía buenas relaciones. Fuì el único del curso al que no invitaron, la fiesta iba a ser muy elegante y el regalo era lluvia de sobres. La mamà de la niña considerò que no calificaba para su fiesta y eso terminò de deprimirme màs.
Mi abuela se enterò por una amiga de lo que pasaba y me dijo que la acompañara a pasar el fìn de semana a un pueblo, porque tenía que hacer unas diligencias. Le dije que sì y pensé como podría suicidarme allà; aunque me daba mucho pesar con ella porque me querìa mucho.
Afortunadamente para mi ella tenía otros planes, era una mujer muy inteligente y culta y creò el espacio para hablar conmigo y logró que yo me desahogara, le contè absolutamente todo. Lloramos mucho y ese fìn de semana mi vida empezó a cambiar para siempre. Me impulsò a salir adelante y a pesar de que estaba apretada económicamente por que mis papàs todavía no se recuperaban completamente me pagò unas terapias con una psicóloga que me ayudò a superar la depresión y el sentimiento de angustia con el que vivía, el miedo y el pesimismo. El proceso fuè difícil, pero valió la pena.
Mi abuela sobre el tema económico me dijo, el éxito es la mejor venganza. Me dediquè a estudiar, conseguí una beca para la universidad y después una beca de maestrìa en Europa y hoy soy un profesional muy exitoso. Cuando me graduè de la universidad le contè a mis padres del bullying y todo lo que eso me produjo y de mi terapia psicológica. Estaban muy sorprendidos y me pidieron perdón por su descuido conmigo y le agradecieron a mi abuela por haberme ayudado.
Como padre le enseñè a mis hijos a contarnos a su mamà y a mi todo lo que les pasaba en su escuela y en su vida y tambièn a mi suegra que vivìa con nosotros y hasta a la empleada que nos ayudaba a cuidarlos. La principal prevención del acoso escolar se hace desde la casa con la enseñanza en valores y la comunicación con los hijos.
*los nombres de las personas han sido cambiados para proteger la privacidad de quienes escriben su historia.

