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Joaquin* cuando el bullying cruza la linea roja

Mi nombre es Joaquin* tengo 67 años y soy sobreviviente de bullying. En mi época  también existía el  acoso escolar, el maltrato físico y psicológico, aunque no en la alarmante cantidad de ahora. La palabra bullying no existìa, simplemente se decía que a alguien se la tenían montada o le hacían maldades  a cada rato.

Soy el menor de 5 hermanos, 4 hombres y una mujer.  Mi padre era un hombre muy trabajador, estricto y hoy en dìa sería considerado  muy machista. Mi madre era ama de casa dedicada a cuidar  de nosotros. Estudiè en un colegio religioso y  solo para varones  con normas muy rìgidas y todavía le pegaban a uno en la mano con una regla de madera como forma de castigo. Eso era normal y los padres lo aceptaban.

La familia de mi mamà era muy artística y como fuì al único sobrino que le interesò  la música  me regalaron un piano y me daban clases de música. Yo siempre estaba en los cuadros de honor del colegio  por rendimiento y buena conducta  y también  participaba en  las presentaciones musicales. Eso y ser “gordito” se volvió un motivo para que “me la montaran”. El acoso de  4 compañeros era constante, desde  quitarme  la merienda, hacerme  caer “sin culpa”, ponerme todo tipo de apodos, hasta que me exigieran plata con amenazas. No había con quien quejarse por que la consigna era defiéndase y no sea bobo. El problema es que era 1 contra 4. Mi tiempo en la escuela  era una tortura permanente,  por fortuna  podía descansar el fìn de semana y me dedicaba a tocar el piano y a jugar con mis hermanos. Doy gracias a Dios de que no me hubiera tocado estudiar en  la era del internet y las redes sociales. Cuando oigo historias de cyberbullying siento un poco de angustia por que esos niños y adolescentes víctimas se enfrentan a demasiado dolor y   nunca tienen descanso.

Cuando tenía 14 años un dìa me hicieron una zancadilla para hacerme caer  y rodè por la escalera. Yo llevaba  una botella de gaseosa y los vidrios se me enterraron en la mano, tuve rotura de tendones  y fractura en el brazo y golpes en el cuerpo. Me hicieron cirugías, pero no había todavía el avance de hoy en dìa y nunca màs pude volver a tocar el piano. Fuè  un golpe emocional muy duro del que me costò mucho reponerme. La familia de mi mamà trataba de consolarme de muchas formas y me animaban a que cantara, me decían  que la voz también era un instrumento, pero yo no querìa destacarme en nada,  quería ser invisible.

Esta vez, si  hubo queja en el colegio por parte de mi papà y sancionaron a los 4 compañeros con 2 dias  de suspensión, porque casi convencen al padre rector que había sido “sin culpa”. Cuando regresè de mi  incapacidad todavía con el brazo enyesado y completamente desmoralizado me dijeron que gracias por los 2 dias de descanso y siguieron igual. Ellos se sentían casi intocables por la posición económica y social de sus papàs que hacìa que tuvieran algunos privilegios.

Un dìa nos tocò quedarnos a los de mi curso haciendo una actividad y el colegio quedó casi solo. Yo tuve que ir  al baño y ellos entraron después,  cerraron la puerta y me dijeron te llegó la hora. Abusaron de mì, me humillaron y degradaron de muchas formas, como estaba con un brazo inmovilizado no pude defenderme. Salieron del baño riéndose. Me  sentè en el piso a llorar,  y después   fuì a la enfermerìa  que todavía estaba abierta, dije que me sentía muy mal del estòmago y  me mandaron para la casa.

A raíz de un caso de violación de un muchacho, del que mi papà se había enterado,  le decía a mi mamà : “ cuida a esos muchachos, no le vayan a hacer un daño, porque muchacho  que violan se vuelve marica”. Asì que no tenía a quien recurrir, mi papà y mi mamà nunca se enteraron de lo que me había pasado.  Solo le pedí a mi mamà que convenciera a mi papà  para cambiarme de colegio, pero obviamente no me cambiaron por que se hacìa lo que èl ordenaba.

Cuando volvì a clases  esos  compañeros  me veìan  y  se reìan,  yo sentía mucho miedo y desesperaciòn, dejè de comer y cada dìa perdía màs peso. Nunca màs  entrè al baño, no tomaba ningún lìquido para que no me dieran ganas de ir. Tomè la decisión de perder el año porque en el colegio no aceptaban repitentes.  Hacìa todo mal para sacar 0 en los exámenes.  Citaron  a mis papàs por que no entendían mi cambio  y por  quê   el mejor alumno del curso había bajado su rendimiento de esa forma. Mi papà me dijo que si perdía el año me mandaba para un colegio público, pero  a mì no me importaba, lo único que necesitaba era no volver a ver a esos tipos.

Repetì el año   en el colegio público. Mi papà después insistió en que volviera a uno privado, pero dije que no y me rebelè por completo, increíblemente mi papà  terminò aceptando. El  colegio que èl deseaba estaba  muy cerca de donde estudiaba antes y no  querìa  encontrarme con mis antiguos compañeros.  Nunca volvì a ser el mejor estudiante, podía,  pero no me interesaba nada, me volvì mediocre en todos los sentidos. Vivìa con miedo, inseguro y aunque allà nadie se metìa conmigo tampoco entraba a los baños.

Me graduè, me presentè en la universidad  en otra ciudad y fuì admitido. Cuando estudiaba me iba muy bien, pero sin ninguna explicación si sobresalía  como cuando era niño, me frenaba y volvìa a la mediocridad. Era como si el éxito me incomodara. Entablar   relaciones con  las mujeres  al principio me producía mucha angustia y después  me buscaba las que ahora llaman tòxicas. Me ponían los cachos y las perdonaba, se portaban mal conmigo y yo me dejaba maltratar. Tuve una novìa muy buena persona, juiciosa, estudiosa de esas que cualquiera desearìa  tener  y la dejè  sin ninguna explicación; solo después de mucho tiempo  y de una terapia psicológica comprendì que sentía  que no merecìa   lo mejor y me estaba auto saboteando.

Terminè la carrera y decidì quedarme en esa ciudad.  Conseguì  trabajo  en una buena empresa, era muy responsable, pero cuando me iba muy bien no me sentía feliz y no entendía que me pasaba. Me deprimìa mucho, sufrìa de insomnio y a veces tenía pesadillas con lo que me había pasado. Un dìa  fuì a un paseo fuera de la ciudad y me encontrè con una amiga que había sido  mi vecina y hacìa mucho tiempo no veìa,  subimos a ver una especie de restaurante en un lugar alto y cayò un  aguacero terrible  y quedamos incomunicados como 4 horas. Resultò que era psicóloga y le hice algunas  preguntas y ella, muy inteligente, logró que  por primera vez yo  le contara a alguien lo que me había pasado. Me dijo que necesitaba un tratamiento profesional,  le  preguntè si podía atenderme y me respondió que si me atendìa no podíamos ser amigos, pero que después que terminara la terapia miraríamos. Aceptè y empecé psicoterapia con ella, por fìn pude entender que la culpa que sentía por lo que me había pasado hacìa que me castigara inconscientemente. Por fìn pude aceptar  y entender que no era culpable de  nada de lo que me había pasado.   Fuè un cambio en mi vida y una mejoría grande. Un abuso sexual no se supera fácilmente y  aunque quedan huellas es posible salir adelante y ser feliz.

Me dediquè a superarme, primero profesionalmente y después  en mis relaciones personales y amorosas. Por fìn pude encontrar una persona maravillosa  y casarme, le tenía pánico a tener hijos porque me angustiaba  que pudiera  pasarles lo mismo que a mì. Tuve 3 hijos y me volvì un papà demasiado sobreprotector con el primero, pero mi esposa me lo hizo notar y buscamos ayuda para aprender a manejar ese miedo y no afectar a mis hijos. Gracias a Dios hoy ya son profesionales, sanos emocionalmente e  independientes.

Mis compañeros abusadores  quedaron impunes  porque yo no los  denunciè.  Imagìnense haberlo hecho en la década del 70, me hubieran destruido la vida y la de mi familia. Curiosamente  todos murieron relativamente jóvenes   y tuvieron finales trágicos con  accidentes y  enfermedades.

En mi caso los prejuicios de la época y  especialmente el de mi padre no me permitieron  hablar y poder  tener el apoyo emocional y el consuelo que un niño de esa edad necesitaba. Pienso que algunos prejuicios  todavía siguen vigentes y que muchas personas siguen pensando  que el bullying es cosa de niños y que no hace daño. La realidad es muy diferente y cuando no se actùa a tiempo las consecuencias pueden ser catastróficas para la vida de un niño o adolescente.

 

*Los nombres de las personas   han sido cambiados para proteger la privacidad de quienes escriben su historia.