Te damos nuevamente la bienvenida a este espacio. En el artículo anterior definimos que es bullying, sus características y la diferencia con el conflicto. Ahora describiremos los tres protagonistas principales de esta problemática: las víctimas, los victimarios y los espectadores.
Los psicólogos consideramos de vital importancia que padres, familia, docentes y la comunidad educativa comprendan que el acoso escolar no es únicamente una relación entre agresor y víctima. Se trata de un fenómeno social complejo que involucra a múltiples actores, cada uno con un rol específico que puede contribuir a mantener o erradicar esta dinámica de violencia.
Las víctimas: Más allá de los estereotipos
Características y factores de riesgo
Si te preguntaran cuales son la características de una vìctima de bullying, que sería lo primero que pensarìas? Si respondes como la mayoría de las personas describirías a un niño o adolescente muy vulnerable física, social o económicamente. Una de las primeras aclaraciones que debemos hacer es que las víctimas de acoso constituyen un grupo variado y heterogéneo, y cualquier alumno puede convertirse en blanco de un grupo de agresores, muchas veces sin otro motivo que solo existir. Por ejemplo:
- Por ser bonita
- Por ser alta
- Por ser musculoso.
- Por buen estudiante
- Por mal estudiante
- Por tener el cabello rizado
- Por tener el cabello muy liso
- Por tener màs dinero que los demás
- Por tener menos dinero que los demás
- Por no tener novia o novio.
- Por ser virgen, le pasa màs a adolescentes hombres y cada vez a menor edad.
- Por no haberse besado en la boca, sì increíble, les dicen virgen de labios y pasa entre niñas pre adolescentes.
- Porque la mamà es gorda o es muy flaca, esto le causa mucho dolor a las víctimas, por que toca a una figura muy importante en la vida de una persona.
Es decir por lo que sea.
El primer paso para entender esta problemàtica es desmitificar la idea de que existe un «perfil típico» de víctima que justifique el acoso.
Sin embargo, la observación y las estadísticas han identificado algunos factores que pueden aumentar la vulnerabilidad, aunque no determinan que un estudiante será víctima de acoso:
Factores físicos y de aprendizaje: Las personas con alguna discapacidad física o cognitiva es màs fácil que sean objeto de maltrato físico o psicològico. Por ejemplo, si le falta un miembro, si està en sillas de ruedas, si tiene calvicie por quimioterapia, lo cual es muy cruel para la vìctima que ya està sufriendo no solo el dolor del tratamiento, sino el riesgo de muerte.
Este debería ser el grupo de protección prioritaria porque generalmente están expuestos en todos los entornos en que se desenvuelven. Tristemente muchos adultos hacen comentarios crueles y faltos de empatìa hacia estas personas y los menores imitan su comportamiento. Esto debe cuestionarnos como sociedad sobre que valores estamos enseñando a niños y jóvenes
Diferencias visibles: Infortunadamente la diferencia favorece el acoso, por tanto quienes pertenecen a un grupo minoritario étnico, religioso, cultural o sexual también suelen ser víctimas frecuentes. Aquì no solo participan los niños y adolescentes, sino la sociedad en general con sus prejuicios y discriminaciones.
Historia previa: Los niños o adolescentes que han sufrido acoso escolar previamente y generalmente vienen de otros colegios tienen màs posibilidades de padecerlo nuevamente, creando un ciclo difícil de romper.
La mayoría de estudiantes víctimas son pasivos ante el acoso, sienten vergüenza, miedo, se paralizan o se comportan de forma sumisa ante los agresores. Esto aumenta su sentimiento de indefensión.
Hay una minoría de estudiantes que pueden ser víctimas y agresores en diferentes escenarios y en ambos roles presentan dificultades lo que también los convierte en un grupo de riesgo.
Los victimarios: Comprendiendo al agresor
Perfil y motivaciones
Referirse a un niño o adolescente como victimario puede sonar un poco chocante, inadecuado o estigmatizador, sin embargo es el tèrmino que lo define correctamente, asì no nos guste. Lo importante es entender que este actor tambièn puede esconder un patròn de aprendizaje de violencia o de frustraciones que està desencadenando su comportamiento.
Los niños y niñas que acosan o intimidan a sus iguales persiguen unos objetivos concretos, como promocionar su propia imagen entre sus compañeros, generalmente el agresor asume el rol de líder ante alumnos de características psicológicas parecidas o que buscan reconocimiento e integración en el grupo. Los victimarios suelen ser estudiantes socialmente aceptados y eso hace que para docentes y padres en algunos casos sea difícil indentificarlos por que aprenden a aparentar muy bien ante los adultos.
Esta comprensión es crucial: el bullying no es un comportamiento aleatorio, sino una conducta intencional dirigida a obtener beneficios sociales.
Los agresores y sus familias necesitan también ayuda y orientación porque además de ser los generadores de la violencia física o psicológica en el ambiente escolar, ellos mismos pueden tener otros problemas y sufrir posteriormente las consecuencias psicosociales de su comportamiento.
Los espectadores: El factor determinante
El rol crucial de los observadores
Alguna vez fuiste testigo de un caso de acoso escolar? Recuerdas que hiciste o que no hiciste? Que sentiste? Que piensas hoy de ese momento?
Siempre se habla de la vìctima y el victimario, pero hay un tercer actor sin el cual no existiría el bullying y esos son los espectadores. Esos niños, niñas, adolescentes o jòvenes que miran el maltrato, los observadores, generalemente silenciosos, sin el cual el vìctimario no tendría motivación, porque lo que màs necesitan los agresores son un público que valide su poder.
Si hay un actor que puede cambiar radicalmente la dinámica del bullying, son los observadores. Los espectadores son el grupo de compañeros que colaboran con el acoso y en gran medida lo hacen posible por no denunciarlo a padres o profesores. Su aparente neutralidad es, en realidad, una forma de complicidad que fortalece al agresor.
Las investigaciones han demostrado que las agresiones disminuyen e incluso desaparecen cuando los espectadores muestran abiertamente su rechazo por el acoso, denunciando y apoyando a la víctima. Empoderar a los espectadores puede ser una de las estrategias más efectivas para erradicar el bullying.
Tipos de Espectadores
Los testigos se dividen en dos grandes categorías: los espectadores activos que son aquellos que animan y apoyan al agresor haciendo que se sienta más fuerte ,son sus còmplices y los espectadores pasivos que son aquellos que observan el acoso pero no participan.
Dentro de estas categorías podemos identificar roles más específicos:
Reforzadores y colaboradores: Son los amigos y complices del agresor, lo apoyan y animan, o participan directamente en la agresión.
Observadores pasivos o neutrales: Ellos presencian el acoso, pero se mantienen indiferentes. Aunque no colaboran en la agresión, tampoco hacen nada por ayudar a la víctima.
Observadores temerosos: Ellos observan la agresión, saben que està mal y no están de acuerdo con lo que hacen sus compañeros, pero prefieren no intervenir por miedo de ser víctimas también. No denuncian a los victimarios por miedo a las represalias.
Defensores: Estos niños o adolescentes se ponen del lado de la víctima e intentan activamente protegerlos. Denuncian a los agresores y le dan apoyo a la vìctima. Infortunadamente este grupo es la minoría.
Motivaciones para no intervenir
¿Por qué los espectadores no intervienen, aun sabiendo que el acoso está mal? El miedo a las represalias es la principal razón para no defender a la vìctima. Aquì los docentes, los orientadores y las directivas de las instituciones juegan un papel vital, si están bien capacitados y saben manejar adecuadamente la situación.
También existe el «efecto observador», descrito por los psicólogos Latanè y Darley en 1.968, por el cual un individuo no ofrecerá ayuda a quien está siendo víctima de un ataque si existen otros espectadores que no actúan tampoco. Este fenómeno psicológico divide la responsabilidad entre el grupo, haciendo que nadie se sienta individualmente responsable de intervenir.
Cuando alguien defiende a las víctimas de acoso y estas sienten el apoyo de sus pares, se sienten menos ansiosas y deprimidas que aquellas que no reciben ayuda ni apoyo. La solidaridad de un solo compañero puede marcar una diferencia significativa en la vida de una víctima.
Desde la casa los niños y adolescentes deben recibir la enseñanza básica en valores que fomenten el respeto por los demás, la empatìa, la solidaridad y la importancia de la amistad y el compañerismo.
Los docentes pueden enseñarles a los jóvenes cómo ser más que espectadores mostrándoles sobre el compromiso moral, utilizando estrategias con enfoque grupal que fomentan las relaciones entre pares y ayudándoles a desarrollar empatía.
El bullying es un problema de todos, de la institución donde se produce el acoso y de las familias.
Cada uno de estos actores sufren consecuencias significativas en sus vidas. Las víctimas experimentan trauma psicológico que puede persistir hasta la edad adulta. Los agresores desarrollan patrones de comportamiento antisocial que los ponen en riesgo de múltiples problemas futuros. Y los espectadores, lejos de ser inmunes, sufren desensibilización y pérdida de empatía que afecta su desarrollo moral y social.
La lucha contra el bullying o acoso escolar no es solo para prevenir el sufrimiento actual de nuestros niños y adolescentes; es también para construir las bases de una sociedad futura donde el respeto, la empatía y la solidaridad sean los valores predominantes.

